Democracia: ¿liberal o revolucionaria? ¿Que prefiere México

Alejandra SIlva Carreras

 A lo largo de la historia se han producido distintos tipos de democracia: la revolucionaria y la liberal. La primera nació en los inicios de la época moderna y se basaba en la esperanza de un mejor futuro. Estaba sustentada bajo los ideales revolucionarios franceses y buscaba, de acuerdo con Touraine, un gobierno racional que fuese mantenido bajo un orden de igualdad social. Dado que su enfoque primordial era la eliminación de un gobierno establecido bajo un orden divino, la instauración de este modelo se centró en una búsqueda de igualdad para el “pueblo”.   Evidentemente dentro de este orden social, el Estado regulaba la situación económica y política del país para proporcionar una satisfacción general, aun a costa del sacrificio de unos cuantos. El segundo modelo democrático, surgido durante la revolución del mercado, reduce lo más posible las intervenciones del poder político que se limita a vigilar que se respeten los contratos estipulados y la corrección de las transacciones. La democracia liberal subordina lo político a lo económico. Así, mientras los revolucionarios definen la democracia sobre la base del triunfo de una voluntad política, los liberales la conciben basada en la libertad de los actores sociales, y en particular de los actores económicos. Tras el surgimiento del nuevo orden global, la democracia liberal comenzó a preponderar sobre la primera. Los actores económicos comenzaron a reducir el poder político de los Estados Nación y se dio el proceso de individuación. Ya no es el gobierno quien busca una igualdad social, sino que existen las mismas oportunidades para todos, pero es el individuo quien las toma.  En el caso concreto de México, de acuerdo con Lorenzo Meyer, la apertura de mercados y el tratado de libre comercio instauraron en el país el surgimiento de una democracia liberal donde al no estar preparado para el mercado global, desarrolló dentro del Estado Nación una crisis económica que introdujo la desigualdad social.  Esto provocó que el 53 por ciento de los mexicanos prefirieran un gobierno totalitario bajo el disfraz de una democracia revolucionaria en lugar de una democracia liberal para lograr encontrar soluciones rápidas a los problemas de gobernabilidad. Esto nos lleva a cuestionarnos ¿Que es mejor?, un gobierno sostenido en la individualidad o sacrificar a unos cuantos en aras de una mayor igualdad. Si se realizara una encuesta, la gran mayoría de los ciudadanos contestaría que lo mejor sería encausar nuestra democracia hacia una revolucionara, restablecer el poder político y sacrificar a aquellos que atentan contra una estabilidad social.  Pero la respuesta a dicha pregunta resulta incongruente, pues, se busca y se quiere una igualdad, se acepta el restablecimiento de un poder político hegemónico, sin embargo, la reintroducción del modelo de democracia revolucionaria en México, no podría ser posible.   Vivimos en un mundo global, el consumismo y la individualización se ha vuelto parte de nosotros mismos y por tanto globalización de la economía en particular el rápido desarrollo de los flujos financieros internacionales, no bastan para demostrar el decaimiento del modelo clásico. Durante la democracia revolucionaria, los mexicanos éramos ante todo como ciudadanos, ahora somos consumidores, vivimos para comprar y hemos entrado en una sociedad de masas regida por los productos anunciados en la televisión. No es posible regresar a una democracia revolucionaria, nuestra individualización ha provocado que no se acepte el sacrificio de unos cuantos, pero si es necesario encausar la democracia liberal hacia un nuevo orden de estabilidad.  El gobierno ya no es capaz de controlar la desigualdad producida dentro del país por la introducción del mercado global por lo que la disminución de la brecha económica producida entre las clases sociales ha recaído en manos de los individuos.  La democracia liberal debe de ser encausada para no caer dentro del neopopulismo que sólo busca la aceptación de los más pobres con respuestas inmediatas y poco efectivas.  Para buscar una democracia liberal con una cierta igualdad, se deben seguir los postulados de  Touraine y constituirnos en Sujetos, esto quiere decir, reconocernos en el otro y lograr hacer un cambio  desde nuestras propias posibilidades.    El Sujeto es quien debe de ser el principio de la acción democrática y es él quien debe buscar una igualdad, puesto que el gobierno no es capaz de proporcionarla; debe de buscar una equidad para que de alguna manera el país pueda crecer en conjunto, buscar el bien común para poder disminuir la brecha social. Así mismo hay que pensar que ante todo somos ciudadanos, no consumidores o proveedores de bienes de consumo, cuyo único fin está orientado al movimiento de flujos financieros y por ende, antes de introducirnos dentro de una sociedad de masas, es importante ver que es lo que existe en nuestro alrededor e intentar cambiarlo.  Regresar al pasado es algo que no puede suceder, buscar soluciones rápidas por medio del restablecimiento de gobiernos totalitarias en aras de una mayor gobernabilidad no es la solución para el país, la solución se encuentra dentro de nosotros mismos y la capacidad de lograr hacer de nuestro en torno un lugar mejor.    

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