Mujer: ¿Virgen Madre? O laborista implacable

Alejandra Silva Carreras

Hace algunas semanas se celebró el día internacional de la mujer, concretamente el pasado 8 de marzo. Dicho acontecimiento, instituido por las Naciones Unidas,  busca reconocer a aquellas personas creadoras de vida que a lo largo de la historia vivieron algún tipo de discriminación por la condición de su género, así como engrandecer las acciones sociales que algunas mujeres importantes realizaron durante su vida. Sin embargo, pareciera que dicha fecha solamente tiene como objeto determinar que las mujeres, al ser observadas en el marco social como seres inferiores, necesitan un día para no quejarse de la debilidad de su condición. De no ser así entonces ¿Por qué no existe también un día internacional del hombre que ensalce sus hazañas en la historia? O simplemente por que no crear un día internacional para la raza humana. Tristemente, la instauración de un día internacional de la mujer y la celebración del mismo, sólo puede mostrar que la discriminación aun existe, que se siguen realizando las distinciones sexuales dentro de la sociedad y que la equidad es un término que todavía continua lejos de hacerse tangible. En el caso concreto de México, la discriminación se encuentra a la orden del día, pues 1 de cada 3 mujeres, a lo largo de su vida, han sufrido algún tipo de acoso por la condición de su género.  Vivimos en una sociedad, clasista. La cultura se crea a partir de quien la impone y, evidentemente aquel que impone las normas de valor dentro de la sociedad es el hombre, pues de acuerdo con la antropóloga Marcela Langarde de los Ríos, (especialista en el tema), en México, el poder hegemónico social se encuentra establecido por el varón. De tal manera que aun y cuando han existido variaciones en el tema de discriminación sexual, la verdad es que dentro de la sociedad, como la inclusión de las mujeres en trabajo, y en el cambio de roles en la familia, no ha habido grandes progresos en el tema. Un claro ejemplo de esto es el comentario realizado por López Obrador, ocurrido algunos meses atrás, en donde dijo: “Le tocan las piernas” refiriéndose a la perredista Ruth Zabaleta. El trasfondo de dicho comentario, tristemente, muestra la concepción del “macho mexicano” en donde se cree, una mujer no puede ser capaz de sobresalir en esta sociedad y ocupar  un cargo importante, si no es a través de favores sexuales.    El tema de discriminación sexual ya se ha desgastado, pero aun y con su constante uso, en México todavía queda mucho camino por recorrer, pues, cuando una mujer sobresale en el campo laboral, es vista como alguien fuera de la norma que no compagina con el imaginario colectivo de la sociedad. Siguiendo a Roger Bartra, en nuestro país, desde el siglo XVI se comenzó a configurar la imagen de mujer mexicana, aquella que debe seguir un cierto tipo de normas y valores por los cuales desenvolverse en la sociedad. De acuerdo con los postulados de este autor y de otros más estudiosos del tema, como Adriana Sánchez, con la instauración de la religión católica en nuestra sociedad. Se creó un modelo arquetípico de mujer: La virgen de Guadalupe.  Este modelo creado y reproducido por el imaginario mexicano, determina que, la mujer perfecta en México, es aquella mujer tierna, abnegada, protectora y maternal. Que debe de ser capaz de darse a los demás y sacrificar sus propios intereses por el bienestar de aquellos que se encuentren a su alrededor. De tal manera que, el ícono perfecto de mujer, es aquella ama de casa que da su vida por sus hijos y su esposo y, por su parte, las mujeres que se introducen en el mundo laboral, que buscan como prioridad su desempeño profesional, son observadas en la sociedad, como mujeres “desviadas” pues sobresalen de la norma al no seguir con todos los valores estipulados por el inconciente colectivo. Así, en México, la discriminación genérica es producto, entre muchas otras cosas más, de la imagen religiosa de la virgen de Guadalupe, por que claro, no todos somos católicos pero sí somos Guadalupanos. Y las mujeres nos encontramos inmersas en un sin fin de estereotipos que giran en torno al modelo preestablecido desde la colonia, siendo discriminadas y tipologizadas por nuestros comportamientos en torno a dicho modelo.  ¿Cómo pensar entonces en celebrar y presumir el día internacional de la mujer si la mentalidad mexicana sigue atada a una idea de feminidad creado en el siglo XVI?¿ Cómo hablar de la importancia de la mujer en la historia, si aquellas que sobresalen por sus logros personales son condenadas tanto por hombres como por otras mujeres, al no seguir al pie de la letra el modelo arquetípico? No, el día de la mujer no debe de celebrarse por lo menos en México, sería mejor, antes que pedir una vana felicitación por una situación ajena a nuestro contexto, atender a los problemas sociales en materia genérica y buscar romper con los paradigmas patriarcales preestablecidos en nuestra cultura.

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